
TALLER MIEDO A HABLAR A CÁMARA: En redes sociales, en podcasts o en público.
6 de febrero de 2026
No estás cansada. Estás desconectada.
24 de febrero de 2026Tricotomía del Control: Por esto Sufres
Lo que intentas controlar te está agotando
Existe una fuente de desgaste que pocas veces identificamos con claridad: la energía que invertimos en intentar controlar aquello que no depende de nosotros. No suele manifestarse como un conflicto evidente, sino como una tensión constante, una sensación de fricción con la realidad. Queremos que los demás reaccionen de determinada manera, que comprendan nuestras intenciones, que nos valoren, que el contexto sea favorable, que el futuro sea estable. Y cuando eso no ocurre, aparece la frustración.
El problema no es que las cosas no salgan como esperamos. El problema es asumir que deberían salir como esperamos.

Qué está fuera de tu control (aunque insistas)
Hay ámbitos que están fuera de nuestro control: el pasado, las decisiones ajenas, la opinión de los demás, el rumbo de la economía, la cultura de una sociedad o incluso la forma en que alguien nos interpreta. Intentar dominarlos nos coloca en una lucha desigual. Esa lucha consume energía y genera sufrimiento porque está basada en una premisa falsa: creer que todo es moldeable a nuestra voluntad.
La diferencia entre controlar e influir
Sin embargo, entre el control absoluto y la impotencia total existe un espacio intermedio mucho más inteligente: la influencia. No podemos controlar que alguien confíe en nosotros, pero sí podemos influir siendo coherentes. No podemos garantizar un resultado, pero sí podemos influir en las probabilidades a través de la preparación, la constancia y la calidad de nuestras decisiones. No podemos decidir cómo nos perciben, pero sí podemos decidir cómo actuamos.
Influir no es forzar. Es actuar con intención, sin apego al resultado.
La responsabilidad personal que sí te pertenece
Y luego está el núcleo, aquello de lo que sí somos completamente responsables: nuestros juicios, nuestras decisiones, nuestra actitud, la manera en que nos hablamos, cómo tratamos a los demás, nuestros límites, nuestros hábitos y el cuidado de nuestra propia energía. Sobre eso no hay excusas. Ahí reside nuestra verdadera capacidad de transformación.
Cómo dejar de sufrir por lo incontrolable
Cuando intentamos controlar lo externo, entramos en frustración. Cuando asumimos responsabilidad sobre lo interno, generamos cambio real. La paz no surge de conseguir que el mundo se comporte como queremos, sino de aprender a responder con claridad y coherencia a lo que el mundo presenta.
La diferencia entre desgaste y crecimiento no está en las circunstancias. Está en dónde decides colocar tu energía.
Preguntas para reflexiones
¿Dónde estás intentando controlar en vez de influir?
¿Dónde estás exigiendo un resultado en vez de cuidar el proceso?
¿Dónde estás poniendo energía en lo que no depende de ti?
¿Y qué pasaría si esa energía la invirtieras en tu actitud, tus hábitos y tu coherencia?
No puedes controlar el mundo.
Pero sí puedes controlar quién eres dentro de él.
Y eso cambia absolutamente todo.
Si quieres desarrollarte en Oratoria, Comunicación y Liderazgo contáctame, estaré encantada de guiarte: info@silvinahood.com




