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10 de junio de 2025
JOGA PALAVRA.
15 de agosto de 2025¿Cómo brillar en un mundo hecho para hombres?
Infancia: Me aburro siendo mujer, y además no quiero ser hueca como ellas.
Desde pequeña, de alguna manera yo quería ser hombre, porque los hombres tenían más privilegios. Jugaban a juegos mucho más divertidos, se les toleraban más cosas que a las mujeres.
Por ejemplo:
- Si decías una mala palabra y eras hombre, era más tolerado.
- Si querías trepar árboles, jugar al fútbol o a las videojuegos, nadie te juzgaba si eras chico.
Pero si eras mujer, eso no era lo esperado.
Y además, en la Argentina de los 90 —la sociedad en la que yo me crié— ser femenina no era algo que se valorara demasiado. Todo lo que se asociaba a ser “minita” (muy de mujercita) se consideraba superficial, hueca o débil. La mujer que era respetada era la mujer dura, la que no se quejaba, la que resolvía todo sola y no daba problemas. Ser emocional, delicada o dulce era casi motivo de burla o de subestimación.
Así que no es solo que yo quería ser como los varones por lo que hacían, sino porque ser mujer se vivía como una desventaja.
En medio de todo esto, la única voz que intentaba equilibrar mis energías era la de mi padre. Él me insistía en que no desmereciera mi feminidad, que la delicadeza y la elegancia eran parte del poder femenino. Yo, en ese momento, lo veía como una ataque a mi fuerza, una amenaza a mi libertad, cuando en realidad, él comprendía el impacto auténtico de la energía femenina y habitarnos como mujer. Siendo hijo de una mujer muy fuerte incluso, él podía ver el poder de nuestra vulnerabilidad y respetar nuestra esencia, algo que yo, en ese entonces, no lograba entender.
El Colegio: Reglas y Empoderamiento Bajo Estructuras Patriarcales
A esto se sumaba el ambiente del colegio bilingüe al que fui.
Un colegio que, si bien formaba mujeres empoderadas, también reforzaba la idea de seguir las reglas sin cuestionar. Había que ser correcta, prolija, buena alumna, destacarse sin molestar. Se valoraba a la mujer ejecutora, eficiente, competitiva.
Si eras buena en deportes, te desempeñabas con fiereza, si jugabas al hockey con actitud guerrera y te plantabas con fuerza, eras vista como líder. Pero ese liderazgo estaba construido desde la energía masculina. Desde el hacer, conseguir y ganar. Lo femenino seguía sin tener lugar.
Primeros Trabajos: Adaptándome a Industrias Masculinas
Después, cuando empecé a trabajar, todo esto se intensificó.
Me metí en industrias duras: metalúrgicas, fábricas, estructuras donde el 90% eran hombres. Ingenieros, operarios, jefes de planta.
Ambientes donde si eras femenina, o te infantilizaban o te sexualizaban.
Entonces, para poder sobrevivir ahí dentro, me volví uno de ellos.
No literalmente, pero sí en el tono, en la forma, en la actitud.
Tenía que demostrar que podía con todo, que no era una “de las otras”. Que no me afectaba nada, que no me ponía sensible, que podía liderar como ellos.
Eso me llevó a desarrollar creencias como adulta: creencias que me hicieron pensar que, para gozar de ciertas libertades y estar “a la altura” del hombre, tenía que convertirme simbólicamente en uno.
Es decir, dejar de lado mi feminidad, mi dulzura, mi delicadeza, mi elegancia, incluso mi ingenuidad, para identificarme con el hacer, el accionar, el ir hacia adelante, más típico de la energía masculina.
Quiero ser mujer, sin tener que convertirme en hombre.
Al final, en mi película mental, creía que la única forma de liderar en un mundo de hombres era comportándome como uno.
Entonces, simbólicamente, me alineé con esa energía masculina y empecé a liderar desde ahí.
El problema es que eso no solo es falso… sino que es insostenible en el tiempo. Te rompe. Te agota.
Como mujer, hay que aprender a liderar desde la energía femenina y hacerse respetar siendo la mujer que eres, sin tener que convertirte en hombre.
Eso no quiere decir que no puedas recurrir a tu energía masculina de vez en cuando, para accionar, cumplir objetivos o resolver.
Pero lo importante es aprender a liderar desde tu esencia femenina, respetando tu delicadeza, tu elegancia, tu intuición, tu profundidad.
Porque estas experiencias tempranas nos condicionan a todas.
Y tenemos que desaprender, para volver a liderar desde quienes somos realmente.
Pero eso no es real. Eso es condicionamiento.
Y ¿sabes qué? Se puede reprogramar.
La vuelta a mí: liderar sin dejar de ser mujer
Todo esto empezó a hacer ruido cuando ya estaba trabajando con mujeres. Mis programas estaban creciendo, yo me había posicionado como mentora y acompañaba a otras a ganar confianza, a mostrarse, a liderar. Pero algo me incomodaba. Veía cómo muchas de ellas, al empezar a empoderarse, repetían lo mismo que había hecho yo: se endurecían. Se volvían eficaces, productivas, rápidas… pero se perdían a sí mismas. Les costaba disfrutar.
Las entendía perfectamente, porque eso era lo que me pasaba a mí. Había armado un modelo de liderazgo que funcionaba, pero no me sostenía. Me estaba vaciando. Y ahí fue cuando me di cuenta de que estaba repitiendo lo mismo que había aprendido de chica: que para tener poder había que parecerse a un hombre.
Me di cuenta de que tenía que reeducarme. Ahí empezó la vuelta. No fue inmediata. Me costó.
Rompí el miedo parecer menos seria, menos válida, menos “profesional”.
Cuanto más conectaba con mi energía femenina, con mi forma de sentir, de intuir, de cuidar, más coherente me sentía. Más auténtica. Más yo.
¿Y lo peor? O lo mejor.. ¡es que me empezó a ir mejor! El negocio empezó a fluir más, yo gané más energía, y mis alumnas empezaron a tener mejores resultados.
Liderar resultó ser más efectivo: Energía más auténtica, acciones claras y resultados potenciados.
Desde este lugar, ahora sí, es que acompaño a mujeres como tú a empoderarse y liderar. Ya no desde la exigencia, el control o el personaje. Sino desde una energía que es nuestra: La femenina.
¿Sientes que ya es hora de dejar de esconder tu poder?
Si estás lista para ocupar tu espacio, hablar con confianza y liderar desde tu energía más auténtica, te invito a trabajar conmigo.
Es una programa profundo donde trabajamos tu mentalidad, tu energía, tu comunicación y tu liderazgo para que no solo tengas claridad sobre lo que deseas, sino que sepas expresarlo, sostenerlo y manifestarlo.
Aquí no hablamos de motivación.
Hablamos de transformación.
De identidad.
De resultados reales.
¿Estás lista para comunicar, liderar y manifestar desde tu verdad?
Escríbeme por WhatsApp para reservar una llamada sin compromiso +34 618 571 094
Será un honor acompañarte en esta misión.
Tu mentora en liderazgo femenino,
Silvina
💫 Vivirlo está mucho mejor que soñarlo 💫



