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Mi experiencia en Toastmasters Málaga
9 de octubre de 2025Siempre fui buena dando consejos. De pequeña, mis amigos me veían como “la sabia”, la psicóloga, la Chamana.
No había estudiado psicología, pero parecía tener ese “don” de saber qué decir. Y cuando crecí, esa parte se volvió mi trabajo. Me metí en marketing, y sin darme cuenta, terminé haciendo consultoría.
Mi trabajo era simple: Yo te decía lo que tenías que hacer, tú lo hacías, y te iba bien. Una fórmula perfecta.
Durante más de diez años me dediqué a eso. A aconsejar. A guiar. A dirigir. Y funcionaba, así que yo no me cuestionaba nada.
Mi crisis como Coach de Liderazgo y Comunicación
Cuando me lancé como coach de liderazgo y comunicación, vi que algo no encajaba. Algunos alumnos avanzaban, pero otros se quedaban bloqueados.
¿La diferencia? Ninguna. Mismas habilidades. Mismo potencial. Mismas ganas.
Les daba el mapa completo: qué hacer, el cómo, el cuándo y el dónde. Un mapa completo y aún así, no avanzaban.
Empecé a preguntarme:
¿Qué está fallando? ¿Por qué no están avanzando? ¿Qué no estoy viendo?
Hasta que un día, lo vi.
Fue en un festival de negocios, en Brasil
Asistí a un festival de emprendimiento, al Hotmart Fire Festival, el mayor festival de negocios digitales de Latinoamérica. Uno de los oradores hablaba sobre la fe. Y de repente, dijo algo que me hizo parar en seco.
Contó que la fe, igual que un producto, no se puede imponer. Que no se trata de convencer a los demás. Sino de vivirla.
De ser tú el primer creyente. El fan número uno.
Y entonces dijo la frase que me atravesó:
“JOGA PALAVRA.”
Juega tu palabra.
Juega tu juego.
Y ahí fue cuando entendí. Yo no estaba jugando mi palabra. Yo enseñaba desde la cabeza, desde la teoría. Daba instrucciones perfectas… pero no caminaba primero.
No enfrentaba los miedos que les pedía atravesar. No hacía lo que les decía que hicieran. Ahí estaba el problema.
No era guiar desde la teoría, sino caminar primero y dejar huellas para que otros las sigan. Volví de ese viaje distinta. Y tomé una decisión muy clara:
A partir de ahora, no iba a dar ningún consejo que yo no hubiera aplicado antes. Y eso no solo me cambió a mí. Cambió todo mi negocio. Cambió mi liderazgo. Cambió mi manera de acompañar.
También cambió mi rol. Hasta ese momento, yo me identificaba como coach. Pero ahí entendí que ya no me alcanzaba.
Una coach puede guiarte, incluso sin haber pasado por tu camino.
Una mentora, en cambio, te acompaña desde la experiencia. Porque ya caminó antes. Y yo elegí ser mentora.
Lo primero que hice fue sentarme con mi equipo. Y les dije:
“A partir de hoy, no se dan consejos que no se hayan vivido.
Vamos a jugar nuestra palabra.
Vamos a predicar con el ejemplo.»
Así nació mi nuevo liderazgo.
Uno que no se basa en tener todas las respuestas sino en caminar primero y ser coherente.
Y poco a poco, entendí que para liderar desde ahí, tenía que sostener cuatro pilares:
1. Coherencia radical
Hubo un momento en que me cansé de hablar con la boca y no con el cuerpo, de entregar planes impecables que yo no estaba aplicando del todo, y fue entonces cuando entendí que liderar no es decir lo correcto, sino vivir lo que dices, aún cuando nadie esté mirando.
“No podemos transmitir lo que no integramos; No podemos enseñar lo que no vivimos.”
Lo que digo, lo hago.
Lo que enseño, lo practico.
No necesito convencer a nadie. Mi vida lo muestra.
2. Rebeldía en negritas
Durante años intenté encajar en lo profesional, lo impecable, lo esperable… hasta que me rompí intentando cumplir un molde que nunca fue diseñado para mi, y ahí me prometí no volver a exigir a nadie lo que a mí misma me asfixiaba.
Empecé a hacer las cosas a mi manera. No como dicen los manuales. No como “debería ser”. Sino como funciona para mí, para nosotras, para este camino.
Y eso liberó a muchas personas que pensaban que estaban rotas, cuando en realidad solo necesitaban otra forma.
Como dice mi amiga Fabi Aguilar… “solo necesitamos un manual diferente”
3. Vulnerabilidad en evolución
Aprendí que no tengo que liderar desde la cima ni desde el rol de “la que ya llegó”, sino desde el barro compartido de estar en proceso, de atreverme a mostrar mis giros, mis errores y mis aprendizajes sin disfrazarlos de estrategia.
“Ser auténtica es un proceso vivo. A veces el maestro enseña aquello que debe aprender”
Dejé de querer parecer perfecta. Me mostré como aprendiz. Conté mis errores, mis dudas, mis cambios de opinión. Y eso me acercó a la gente.
Porque si yo me muestro real, ellos también se sienten capaces. Ya no me preocupa “quedar bien”.
Si tengo que cambiar, cambio. Si aprendo algo nuevo, lo comparto.
Porque crecer no es llegar, es mutar en voz alta.
Hoy, lidero desde ahí y no desde la perfección, sino desde la transformación. Y eso, curiosamente, ha hecho que mis alumnas confíen más. Porque no buscan una ídola perfecta sino a alguien real que les muestre que se puede.
Porque cuando eres auténtica, eso llega.
“Lleva mucho tiempo tocar música como uno mismo.”
Miles Davis, Trompetista
Liderar como tú misma… lleva tiempo. Pero cuando lo haces, ya no necesitas máscaras, estrategias ni discursos brillantes. Solo necesitas jugar tu palabra. Vivir tu mensaje. Y dejar que tu ejemplo hable más fuerte que tus palabras.
Tu mentora,
Silvina
💫 Vivirlo está mucho mejor que soñarlo 💫



